lunes, octubre 03, 2005

Oximorones

En junio de 2004, Brasil y la ONU convocaron a una alianza global para combatir la pobreza en el mundo, pero Estados Unidos se opuso. Mientras el presidente Lula, de Brasil, imaginaba un impuesto al comercio de armas o la creación de una tasa a las transacciones financieras de los paraísos fiscales, para financiar el desarrollo y terminar con el hambre, Terry Miller, funcionario del Departamento de Estado y jefe de la delegación de EE.UU., prescribía el mejoramiento de los marcos legales para estimular la inversión privada en el mundo “en desarrollo”.

Será que EE.UU. envió a la UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development) una delegación de “bajo nivel”, como denunciaba una ONG a través de la agencia Reuter?

Más bien parece que ciertos oximorones de la política mundial, tales como “socialismos de mercado” o “estatismos minimalistas” no resisten ningún análisis y son, en realidad, las dos caras de una misma moneda. De un lado se aprecia una imagen difusa, que representa de tal modo los conceptos de justicia y libertad, que los hace compatibles con el capitalismo moderno. Por otra parte, sencillamente aparece la cara del monstruo capitalista propiamente dicho, tal como nació y pervive, aunque algo más asentado en su capacidad de parecer eterno e invencible.

Mientras Lula afirmaba que el dinero necesario para combatir la pobreza en todo el planeta es de unos U$S 54.000 millones al año, y representa menos que el gasto militar que se hace en todo el mundo en tres semanas, el hambre y las enfermedades relacionadas con la pobreza matan a 25.000 personas cada día y a seis millones de niños cada año; mucho más que las guerras

Sin embargo, los pueblos sometidos por el monstruo han creado, en su singular literatura, sus propias figuras antinómicas, para decirle a la perversión del sistema que el libro en el que los pueblos escriben su historia, tendrá el final que ellos mismos quieran darle.

Y entre estos oximorones populares, tenemos, por ejemplo, la alarma silenciosa que resuena en el pensamiento de los desposeídos; la calma tensa de las manifestaciones; el afán sin remedio de esperar lo inesperado, la conciencia de la desprotección de las Naciones Unidas y el llanto sin lágrimas de los que lo perdieron todo, bajo la luz oscura de las democracias.

Pero en verdad, es en la inalienable soberanía de los pueblos donde reside, especialmente, la historia del futuro.

Hypatia

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