lunes, octubre 03, 2005

Mil quinientos uno

El es un obrero anarquista que, desde hace más de ochenta años, viene defendiendo, en la historia, la dignidad de cada uno de sus compañeros explotados. El trascendió la humillación de la tortura y el despropósito de la muerte, a manos de la policía y de la gendarmería del lugar, a la sazón, financiadas -para la mejor represión de los obreros- por una empresa extranjera productora de tanino, que se había instalado en el lugar.

Cuenta la crónica, que Los Amores es un reducto de la antigua compañía inglesa “La Forestal”, que vació de quebracho la cuña boscosa santafesina en setenta años de explotación salvaje.

Con el característico método depredatorio de la explotación capitalista, La Forestal arrancó de cuajo la riqueza de la zona, llevándose hasta la última rama del bosque poderoso, con raíces, con pájaros y dejó, a cambio, clavada en esas tierras, la infausta espada del abandono y la miseria.

Una vez arrasadas, las tierras de La Forestal quedaron a merced de nuevos compradores, entre ellos, muchos contratistas argentinos que tuvo la “Compañía”. Las de Los Amores fueron a manos de Román Rojas. Supuestamente, Rojas, que ya murió, debía dar prioridad a los habitantes de Los Amores si quería vender sus tierras. Pero en 1987 se las vendió directamente a Carlos Federico Sosa, a través de una escritura en la que no se dejó constancia de que esos lotes -medio millón de metros cuadrados- estaban habitados. En la escritura se compran tierras vacías, pero en la realidad, era un pueblo lleno, con cementerio y todo.

Hoy, los acreedores del tal Sosa -que puso como aval para sus emprendimientos comerciales las tierras de Los Amores- quieren cobrar lo que se les adeuda y traban embargos e inhibiciones sobre ellas, con pueblo y cementerio y todo. En esa espada de abandono y de miseria, entonces, se ató además una bandera de remate, que vuelve abrir en rojos las viejas cicatrices de sus habitantes.

Algunos, como Angélica Brassart, se animan a declarar, como pueden, su impotencia: "En este pueblo estamos todos olvidados”, dice. “Hace cincuenta años que vivo aquí. Y no tengo nada más que el amor por este pueblo, y a mi mamá y a mi papá enterrados allí donde usted los vio”. “Nos vendieron como a ganado”, protesta en sombra, Adela Miño.

Y casi nadie tiene escrituras ni boletos de compra-venta. Apenas si tienen la nostalgia de los duros tiempos en que los hacheros de La Forestal hacían sus huelgas, por sobre la amenaza de la guardia uniformada que la empresa había instituido, para abortar las luchas de los obreros por sus inalienables derechos. Tienen, también, el presente de una democracia corroída en sus cimientos, que no repara en los insultos del tal Sosa, que llama “usurpación” al sufrimiento de un pueblo y que propone soluciones tan desopilantes como privatizar el cementerio, “porque quien compre eso no va a querer negros en su tierra”.

Viejos y niños, en el pueblo -los del medio, se fueron- van y vienen del Servicio Jurídico de Reconquista a sus casas, para decir que allí, en el mapa, donde figuran los despojos de un terreno baldío, en realidad retumban los latidos de mil quinientos corazones asustados y el golpe de un hachero fantasma, que se resiste aún, al designio funesto de los escuadrones.

Hypatia

3 comentarios:

Anónimo dijo...

1501, Hypatia,señora, no se que tan cierta es su historia,la Forestal podrá haber acabado con los quebrachos, pero que haya existido represion hacia los obreros, ?mis dos abuelos trabajaron en esa empresa,y mi padre tambien,no en Los Amores,pero dudo que sea como se lo describieron
saludos

HYPATIA31416 dijo...

Estimado lector Anónimo:

Siendo que mi nombre es Hypatia y que el nombre del obrero asesinado es Teófilo Lafuente, también podría yo dudar de que usted tenga un nombre, si creyera que no hay fundamento capaz de vencer el poder de la duda.

Sin embargo, en estos casos,lo mejor es abrevar en las fuentes. Y como dice el brillante escritor Osvaldo Bayer, de cuyo artículo "En los caminos vacíos de La Forestal", me permito extractar un fragmento, "para muestra, basta un botón":

"...Basta leer esta denuncia en la legislatura santafesina, llevada a cabo por el diputado Salvadores, en 1921. Habla del “martirio del dirigente obrero anarquista Teófilo Lafuente”. Para muestra basta un botón. Un historia eterna de la policía y de la Gendarmería argentina. Teófilo Lafuente, denunció el legislador, fue conducido desde Vera hasta Villa Guillermina por el sargento Julio Luna. Desde la estación hasta la comisaría fue llevado al trote, a punta de sable, mientras algunos gendarmes descargaban sobre sus espaldas una verdadera lluvia de golpes con los sables y los winchesters. En la policía, Goñi sometió a este obrero lleno de entereza a suplicios verdaderamente brutales. Con intermitencias breves se le aplicaban terribles palizas en las que se emplearon frecuentemente las carabinas por el caño, esgrimiéndolas como garrotes. Los intervalos entre paliza y paliza debían ser soportados por la víctima cumpliendo severísimos plantones con la cara vuelta a la pared y colocado siempre sobre un cajón o una silla para que los demás compañeros del infortunado pudieran observar quién era el martirizado, invariablemente se le anunciaba que el plantón había terminado con una bofetada a la que seguía una lluvia de golpes y puntapiés. Frecuentemente se lo invitaba a declarar contra sí mismo y contra sus compañeros y su firme respuesta: “no tengo nada que decir” era recibida con nuevos golpes. Pero no era suficiente, señores diputados, este suplicio brutal; era necesario para saciar la crueldad y los instintos verdaderamente feroces de los verdugos, unir al martirio de la carne el tormento del ultraje infamante, para aprobar la altivez y la hombría de este modesto obrero. Colocáronlo sobre una silla y se ordenó a los demás detenidos, 40 o 50 hombres que desfilaran uno poruno delante del martirizado y lo escupieran en la cara. Después se siguió apaleando todavía a Lafuente hasta que su resistencia física fue vencida y cayó de boca en la puerta del calabozo siendo empujado a puntapiés hacia al interior. Fue cuando el comisario Goñi ordenó a un teniente de la Gendarmería que por la noche condujera la víctima al monte y cumpliera “su deber”. El prólogo de la desaparición de personas que aplicarían medio siglo después los militares argentinos".

Moni Déndera dijo...

sEstimada Hypatia, si me permite estimarla sin conocerla, Hubiese querido dejar una nota en cada escrito, pero creo que no tengo la capacidad o el don de la letra o la palabra, quisiera intentar decirle, con mi torpe manera y seguramente con mis muchos horrores otrográficos, que le doy gracias a Dios, el poder leerla, a pesar del horror de nuestra realidad, de la más que cruda verdad, detras de cada nota, Me gustaria gritar sus palabras, lograr despertar a un pueblo, que no ve o (como se dice no hay peor ciego que el que no quiere ver), que nadie ve a los hermanos del Norte, del Sur, del Este o el Oeste, que algún día, podemos ser nosotros los que estemos en alguno de esos puntos cardinales, que no tenemos porque llegar a estar, para darnos cuenta que estando ahi, uno se sabe solo, solo en la mas grande indiferencia, solo en el más grande desamor, y me incluyo, porque tambien soy parte, y LA FELICITO por la valentía de ocuparse y hacer; cuando muchos nos preocupamos pero no hacemos nada.
Tambien quiero agradecerle, porque desde este pequeño lugar pude expresarme, y no sentirme tan sola tan en la inaccion. Porfavor cuente conmigo.
No iba a darme a conocer pero sería toda una contradiccion, ud. mo me conoce pero se que mi apellido le gustó.
Sinceramente GRACIAS!