Palabra
viernes, noviembre 12, 2010
Un escupitajo a las puertas del Infierno
viernes, octubre 29, 2010
Hay un pueblo en la calle
jueves, octubre 14, 2010
¡¡¡Ter-ter-ter, gi-gi-gi, ver-ver-ver, sar-sar-sar!!!
sábado, septiembre 04, 2010
Sexting: El grito en el cielo

miércoles, septiembre 01, 2010
La alegoría del pan (parte II)

El mismo título de hace cinco años. Cómo pasa el tiempo... Pero qué importa, si la tragedia del hambre, el dolor del desamparo y el mal insoportable de las carencias no tienen tiempo; por lo visto, los poderosos de turno tampoco tienen tiempo para ocuparse de las desgracias.
Las crónicas operan como simples anécdotas, y se usan cada vez más para impartir los más recalcitrantes mensajes ideológicos a través de los medios, a fin de esclarecer a las minorías sobre los peligros de la inseguridad y la barbarie de la expropiación ejercida por los sucios, por los incultos, por los infelices voluntarios que gustan de vivir en la miseria. ¿Y quiénes son los promotores de semejante clima? Los pobres, claro, los eternos, los inmemoriales, los caballitos de batalla de las oligarquías, que sustentan sus burdos argumentos en los pelos pinchudos y en las ropas raídas de los que nada tienen.
Hace cinco años fue un accidente. El maíz se había derramado sobre las vías. Esta vez, parece que fue un boicot a un tren de carga que transportaba el dorado alimento a la ciudad de Rosario. Dicen que fue un grupo de jóvenes pertenecientes a un "asentamiento precario", eufemismo vergonzoso con el que se suele nombrar actualmente el desencuentro de la dignidad con la condición humana. "Frenaron un tren [...]. Abrieron las boquillas del contenedor, lo que provocó el derrame de toneladas de cereal y el hurto de gran cantidad de granos".
La televisión mostró imágenes de familias enteras que guardaban el maíz en sus sacos de tela, sus carretillas, sus carros de basurgas, con pala o a mano limpia, y niños juguetones que revolvían esa especie de arena picuda y doliente –donde solían arrodillarse los castigados–, como si estuvieran retozando en la playa, tal como lo hacen aquellos otros niños, esos, los del otro lado, donde la exclusión es solo una palabara difícil de escribir, cuando no desconocida.
¿Quién conoce una canción infantil que hable del maíz? Cantemos con estos niños, estos, los de este lado, donde la exclusión no se conoce como palabra, sino como llaga, como sueño decepcionado, como planta que no retoña. Cantemos, cantemos, es solo una canción, la realidad pasa por otro lado:
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz
y también tengo una boca
para cantar y reír.
Con los ojos veo todo
con la nariz hago achís,
y con la boca yo como
tortillitas de maíz.
Ojalá nos diéramos cuenta de que hace falta un canto común para este pueblo que yace, como tantos otros pueblos, a la vera de las vías de un tren que viene del sol y va hacia la oscuridad, un pueblo anclado a la tiniebla de la desesperanza, tendido y solitario, como un cadáver sin nombre.
Hypatia
miércoles, enero 20, 2010
J.

miércoles, enero 13, 2010
Del cinismo al amor
¿Qué dicen los señores de la ONU? Y el buen Obama, ¿qué clase de plegaria sugiere que elevemos por el pueblo haitiano? Y los integrantes de la represiva, invasora y sanguinaria MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití), qué acercamiento solidario proponen después de tantos ataques y asesinatos a mansalva, ante cualquier intento de autodeterminación?Hagamos algo: ya que nos levantamos tan solidarios y considerando que los funcionarios amanecieron con las caretas puestas, vistámonos de payasos y entonces sí, pongámonos a hablar de la tragedia haitiana como si fuera nueva, como si el terremoto en Port au Prince fuera la desgracia repentina, imponderable y devastadora de un pueblo hasta ahora feliz, culto, bien alimentado y longevo.
¡Cuánta tragedia! ¡Cuánto derrumbe de edificios... bueno, en su mayor parte casuchas de madera...! ¡De qué modo atroz las catástrofes no discriminan entre pobres y ricos, aun cuando los ricos de un país representen un 4 % que detenta el 64 % de la riqueza...! "No solo murieron pobres", dice algún medio. ¡Bien por las catástrofes, qué democrática tragedia!
Y ahora basta. Miremos la única imagen que circula hasta ahora:
En la foto también sobresale una nariz roja. ¿Ven esta nariz? La sangre derramada por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos desde 1949, que se llevó quince mil almas tenía el mismo color. Luego, Papa Doc y Baby Doc Duvalier prosiguieron con la masacre durante casi treinta años y bajo las crueldades de una bandera llamada "lucha contra el comunismo", aniquilaron quién sabe cuántos miles de almas más y lograron pintar la misma escena con el mismo color rojo.Me quito la máscara para decirte que te quiero, ay Haití de la primera liberación americana, isla caliente remojada en llantos, embriagada de ron, adormecida de misterios y de ritos vudú, revuelta de animales sin rumbo y de risas infantiles que, demasiado pronto, encuentran su final, mucho antes de llegar al horizonte de montañas azules, adonde la infancia tiende a dirigirse. Es que ese horizonte nunca fue para los miserables, sino para los pocos aristócratas que hoy, por una jugarreta del destino, ya no lo pueden admirar desde su 4 % de lujosos balcones.
Te quiero Haití, y nunca me vestiré de payaso para decirte esto; es que hay que tener la cara y las manos limpias para entender que esas miradas de ángeles disecados que se ven en la foto, no se enfriaron ahora, sino en el mismo momento en que el enemigo puso su mortífero pie en la isla y terminó por diezmar los sueños de libertad, la alegría y la integridad de todo un pueblo.
Hoy es una nueva trampa; van a desamparar tu desamparo, van a rematar tu muerte.
Tus poetas que cantan: Hemos ido de manos con las sombras. Nuestro andar es un grito estacionado; tus mujeres que lloran: "todo es un gran caos, hay gritos por todas partes"; tus niños inmemoriales sin lenguaje, sin pan, sin luz, sin esperanza; todos, todos tus habitantes, vivos y muertos, yacen en mi corazón en esta hora, Haití, luna huracanada, mar de luto, flamboyán encarnado.
Hypatia


