¿Qué dicen los señores de la ONU? Y el buen Obama, ¿qué clase de plegaria sugiere que elevemos por el pueblo haitiano? Y los integrantes de la represiva, invasora y sanguinaria MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití), qué acercamiento solidario proponen después de tantos ataques y asesinatos a mansalva, ante cualquier intento de autodeterminación?Hagamos algo: ya que nos levantamos tan solidarios y considerando que los funcionarios amanecieron con las caretas puestas, vistámonos de payasos y entonces sí, pongámonos a hablar de la tragedia haitiana como si fuera nueva, como si el terremoto en Port au Prince fuera la desgracia repentina, imponderable y devastadora de un pueblo hasta ahora feliz, culto, bien alimentado y longevo.
¡Cuánta tragedia! ¡Cuánto derrumbe de edificios... bueno, en su mayor parte casuchas de madera...! ¡De qué modo atroz las catástrofes no discriminan entre pobres y ricos, aun cuando los ricos de un país representen un 4 % que detenta el 64 % de la riqueza...! "No solo murieron pobres", dice algún medio. ¡Bien por las catástrofes, qué democrática tragedia!
Y ahora basta. Miremos la única imagen que circula hasta ahora:
En la foto también sobresale una nariz roja. ¿Ven esta nariz? La sangre derramada por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos desde 1949, que se llevó quince mil almas tenía el mismo color. Luego, Papa Doc y Baby Doc Duvalier prosiguieron con la masacre durante casi treinta años y bajo las crueldades de una bandera llamada "lucha contra el comunismo", aniquilaron quién sabe cuántos miles de almas más y lograron pintar la misma escena con el mismo color rojo.Me quito la máscara para decirte que te quiero, ay Haití de la primera liberación americana, isla caliente remojada en llantos, embriagada de ron, adormecida de misterios y de ritos vudú, revuelta de animales sin rumbo y de risas infantiles que, demasiado pronto, encuentran su final, mucho antes de llegar al horizonte de montañas azules, adonde la infancia tiende a dirigirse. Es que ese horizonte nunca fue para los miserables, sino para los pocos aristócratas que hoy, por una jugarreta del destino, ya no lo pueden admirar desde su 4 % de lujosos balcones.
Te quiero Haití, y nunca me vestiré de payaso para decirte esto; es que hay que tener la cara y las manos limpias para entender que esas miradas de ángeles disecados que se ven en la foto, no se enfriaron ahora, sino en el mismo momento en que el enemigo puso su mortífero pie en la isla y terminó por diezmar los sueños de libertad, la alegría y la integridad de todo un pueblo.
Hoy es una nueva trampa; van a desamparar tu desamparo, van a rematar tu muerte.
Tus poetas que cantan: Hemos ido de manos con las sombras. Nuestro andar es un grito estacionado; tus mujeres que lloran: "todo es un gran caos, hay gritos por todas partes"; tus niños inmemoriales sin lenguaje, sin pan, sin luz, sin esperanza; todos, todos tus habitantes, vivos y muertos, yacen en mi corazón en esta hora, Haití, luna huracanada, mar de luto, flamboyán encarnado.
Hypatia
3 comentarios:
Parece una paradoja que la sombra de Haití, a lo largo de toda su historia, no haya sido la del flamboyán sino la del dolor, el dolor más esencial, el dolor físico, el que produce el látigo y el hambre.
Y ahora esta otra sombra,… puta madre. Esta nube de polvo de derrumbe que flota por sobre sus desangeladas cabezas como un castigo inexplicable, o como un castigo a secas. No parece justo tanta oscuridad sobre tanta sombra. Parece una bofetada del azar, como si en el juego de La charada hubiese salido La Bestia.
«No salves cuerpos, mejor ocúpate de salva almas,…» me decía un amigo, pero dónde socorrer cuando son tantos los que gritan y cuando son tantos los ojos ensombrecidos.
Si bien he superado largamente la edad de los por qué, no puedo dejar de preguntarme por qué Haití, por qué un terremoto, por qué la nube que describe Flenning, por qué tanta muerte.
Tal como lo expresé en la página de comentarios de la propia página de "ACI PRENSA", espero que lo dicho por el Nuncio de Haití, sobre la principal víctima del terremoto ( la iglesia), constituya un problema más de redacción , pues de lo contrario pareciera que lo único digno de lamentar es la imposibilidad de poder conservar el cadáver del obispo de esa localidad por falta del correspondiente sistema de refrigeración . ¿ Y el pueblo? Los demás? el rebaño? qué pasó con todas esas enseñanzas cristianas ?
Publicar un comentario en la entrada