viernes, julio 31, 2009

Malos sueños


Venimos del desierto, pero no recorrimos jamás la Ruta de la seda ni tenemos el lustre y la altivez de los escorpiones, esa altivez que obedece a que no se saben siniestros ni horrorosos, a que ni siquiera se saben escorpiones.

¡Si Marco Polo fuera nuestro amigo, si fuéramos dioses y estuviéramos condenados a caminar para siempre entre Antioquía y Constantinopla y entre Constantinopla y Antioquía! Tendríamos un punto de partida y un horizonte, aunque nunca supiéramos cuál es cuál.

¡Ay, si fuéramos, al menos, mercaderes de ámbar, de especias, de corales y si pudiéramos andar entre Oriente y Occidente como quien anda en el tiempo de principio a fin, como quien va entre los amores sin marchitarse nunca, de ida y vuelta, como quien se para en el Aleph mientras camina ansioso hacia el final del alfabeto y encuentra el Tau para luego regresar con la nostalgia a cuestas!

Si fuéramos eminentes, poderosos, concienzudos, nuevos, tibios, cristalinos y si algo grandioso naciera de nosotros, como nace de los infinitos, el infinito; como nacen del tiempo, los mares y como se desbordan cuando Neptuno se sumerge y entonces las olas reencarnan en otras olas y la sal en la sal y las arenas en arenas.

Pero somos tan pequeños, tan fatales y pequeños, y tan desamparados estamos, y tan solos... No sabemos de gloria; no tenemos, tampoco, las llaves de los reinos, y estamos tan poblados de tinieblas; es que a veces estamos, amor, tan peleados con la claridad, que ya no gozamos ni de la locura ni de la esperanza.

Cuelga de las paredes de mis sueños un cuadro que nos representa en esta hora; es una escena donde yo sufro lo que te sufre dentro. Sufro dentro de tus abismos y solo quiero que te hundas en los míos, que te hagas el dolor más profundo en mi alma que padece, que vengas a mis profundidades con lo que te padece en tus honduras.

Son padeceres retroalimentados, uno engendra al otro y no se sabe cuál es cuál, dolores que se confunden entre tu quietud y mi abrazo, entre mi inquietud y tu entrega, entre tu silencio y el mío; dolores que se amalgaman, que asumen el mismo matiz desesperado; así, así, así como alguna vez se desesperó el amor en tu espalda o en mi espalda, en mis ojos o en tus ojos.

La noche se cierra y no hay remedio. Sueño que lloramos y que nos hermana el desconsuelo.

Hypatia




1 comentarios:

rene orlando dijo...

2000 visitas, felicitaciones!!! Tendremos que hacer 2000 visitas más para leer un nuevo post suyo?)