martes, julio 10, 2007

Buenos Aires, 9 de julio de 2007


Llueven fractales. Flotantes, silenciosos, pacificadores.


La memoria es de agua y se nos escurre como la nostalgia, como el amor, como la vida y la muerte, tanto o más inasibles.


Es una tarde poblada de cantos improcedentes que nacen en lo alto, en las plumosas gargantas de unos pájaros fascinados; hay hologramas sobre los árboles hechizados; se escucha el crujido de unos susurros helados que resbalan sobre la tierra filosa y craquelada.


Vamos, caminemos, que no siempre se nos caerán encima fragmentitos del caos, pequeñas estrofas de poemas visuales, rasguños del cosmos, flores del infinito.


Vamos lejos, allá donde estemos al resguardo de estos espejos geométricos que sólo nos reflejan en la gracia de la Naturaleza, a la que se nos tiene impedido unirnos, desde siempre y para siempre.


Vámonos ya, deprisa; que la maravilla escapa a cada paso, que vive en el horizonte, allá, donde la nieve espera a que lleguemos para deshacer su encantamiento, justo en el segundo anterior a nuestro arribo.


Dame la mano. Quizá podamos, esta vez, imponer las rebeldías de nuestro talante, a las infamias del tiempo y a la afrenta existencial de ser mortales.


Hypatia



1 comentario:

Anónimo dijo...

Quizás. porque no? si impongamos la rebeldía, su sueño no es una utopìa.
Bella descripción, muy linda.