El hospital se nombra "el Moyano", pero de don Braulio A., en honor de quien se lo bautizó un día ya lejano, solo se recuerda el primer nombre.
Se llamaba Braulio Aurelio, una combinación tan musical como cacofónica, que más parece un piar entre las altas frondas, que es casi una onomatopeya hecha identidad, que suena a travesura del abecedario.
En los altos del Hospicio de las Mercedes –hoy "el Borda"– vivía este hombre taciturno, entre paredes grises, adustas, desprovistas, monacales.
Es de noche, no piensa ser de noche. Pero cada noche, después de haber recorrido con pasión, sendero tras sendero, el laberinto de sus ciencias –medicina y matemática, en busca de respuestas y poesía– el doctor Moyano descansaba su frente luminosa sobre la almohada de una sencilla cama de hospital. Esa era su cama; un hombre sabio, habida cuenta de su biblioteca y su ventana, como instrumento de contemplación, no necesita nada más.
Humilde, callado, introspectivo, casi triste. Él tenía un silencio de estrella parecido al que hoy, montado en el aire de los callejones de "el Moyano", se despereza en las tardes y vela, agazapado entre los viejos troncos, el sueño que sueñan despiertas, tantas mujeres que allí habitan. Es de día, no piensa ser de día.
Rimbombante, ensordecedor, fastidioso, altisonante es, en cambio, el discurso de los que pretenden ser pioneros de una supuesta "modernización" del sistema de salud mental, que esgrimen sus proyectos de política sanitaria "de vanguardia" y mientras tanto frenan en un 40 % vergonzante, las obras de reciclado de la infraestructura de un hospital que empieza a ser un modelo de institución abierta y que ha dejado, hace tiempo, de ser un "manicomio desmanicomializable".
Como si fuera poco, ciertos vecinos de la ciudad de Buenos Aires prefieren que los "locos" estén lejos y encerrados, como le corresponde a un excluido, y salen a gritar sus "aquí, no, aquí juegan mis hijos", por la televisión, por todas partes.
¿Cómo va a ser de noche si es de día? ¿Cómo va a ser de día si es de noche? ¿Creen que están hablando con un loco?
Hypatia
Se llamaba Braulio Aurelio, una combinación tan musical como cacofónica, que más parece un piar entre las altas frondas, que es casi una onomatopeya hecha identidad, que suena a travesura del abecedario.
En los altos del Hospicio de las Mercedes –hoy "el Borda"– vivía este hombre taciturno, entre paredes grises, adustas, desprovistas, monacales.
Es de noche, no piensa ser de noche. Pero cada noche, después de haber recorrido con pasión, sendero tras sendero, el laberinto de sus ciencias –medicina y matemática, en busca de respuestas y poesía– el doctor Moyano descansaba su frente luminosa sobre la almohada de una sencilla cama de hospital. Esa era su cama; un hombre sabio, habida cuenta de su biblioteca y su ventana, como instrumento de contemplación, no necesita nada más.
Humilde, callado, introspectivo, casi triste. Él tenía un silencio de estrella parecido al que hoy, montado en el aire de los callejones de "el Moyano", se despereza en las tardes y vela, agazapado entre los viejos troncos, el sueño que sueñan despiertas, tantas mujeres que allí habitan. Es de día, no piensa ser de día.
Rimbombante, ensordecedor, fastidioso, altisonante es, en cambio, el discurso de los que pretenden ser pioneros de una supuesta "modernización" del sistema de salud mental, que esgrimen sus proyectos de política sanitaria "de vanguardia" y mientras tanto frenan en un 40 % vergonzante, las obras de reciclado de la infraestructura de un hospital que empieza a ser un modelo de institución abierta y que ha dejado, hace tiempo, de ser un "manicomio desmanicomializable".
Como si fuera poco, ciertos vecinos de la ciudad de Buenos Aires prefieren que los "locos" estén lejos y encerrados, como le corresponde a un excluido, y salen a gritar sus "aquí, no, aquí juegan mis hijos", por la televisión, por todas partes.
¿Cómo va a ser de noche si es de día? ¿Cómo va a ser de día si es de noche? ¿Creen que están hablando con un loco?
Hypatia

