miércoles, junio 13, 2007

Mensaje abierto

Querida Feli:

Durante toda la tarde, traté de decirle lo que ahora intento decir. Así, con el mismo desacierto.

Usted se la pasó recorriendo el universo con sus manos y anduvo —como si conociera todos los atajos— entre las cáscaras de papas y en medio del prodigio de sus bordados chinos. Entre el cuchillo y la aguja, noté que transcurría un escaso segundo, el mismo en el que la magia acontece y se esfuma.

Sabia, intensa, enérgica. Nunca conocí una mujer así, ni en la mujer mariposa, que habitaba a mi madre, ni en el enigma de bronce, que vivía en mi abuela. No hay nadie más que, en su nombre, transporte una quimera; nadie más que, con una sola mirada, pueda abarcar el mar de orilla a orilla y el amar, de abismo a abismo.

Sangre fibrosa, deseo, culpa, tristeza; no sé si lleva las pasiones a remolque de su sombra, o es que usted las arrastra, para no perderlas, porque conserva su arrojo del todo iluminado. Diosa doméstica.

Usted me interroga como quien interroga al amor, para maldecirlo en su esquivez; para atesorar sus frutos en secreto; para censurar, en su voz, las prohibiciones, sin callarlas del todo, con palabras a medias.

Virgen enmantillada, virgen blasfemadora, cocinera de hechizos, bella. Ojalá yo tuviera las respuestas, para su sosiego.

Porque nunca me iría de su lado, me fui, pero sin desertar. Era de noche y, por un sendero frío, seguí los pasos de quién sabe quiénes, de quién sabe cuántos. Luego, un tren atravesó la niebla y no sé si me alejó o me acercó a ésa, su casa hecha de sigilos que reemplazan gritos y de ausencias que todo lo reemplazan; aunque usted y yo sabemos que todo es del todo irreemplazable.

Señora singular y planetaria. Sus abrazos hicieron que recordara a quienes nunca conocí. No sé qué azúcar le puso al pan, qué esencia al agua, ni qué alquimia practica a la hora del almuerzo, pero fue desde esa hora —agujas y cuchillos, más o menos— en que empecé a soñar, ya para siempre, con la posibilidad de conjurar, para nosotras, lo imposible.

Hypatia